{"id":16,"date":"2014-12-26T16:28:22","date_gmt":"2014-12-26T16:28:22","guid":{"rendered":"http:\/\/blog.continental.edu.pe\/cuentos-de-chupaca\/?p=16"},"modified":"2014-12-26T16:28:22","modified_gmt":"2014-12-26T16:28:22","slug":"el-manantial","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blog.continental.edu.pe\/cuentos-de-chupaca\/2014\/12\/26\/el-manantial\/","title":{"rendered":"El manantial"},"content":{"rendered":"<p>Una madrugada despejada, un joven de nombre Felipe a\u00fan so\u00f1aba cuando se levant\u00f3 s\u00fabitamente al escuchar los gritos de sus corderos. Se visti\u00f3 a toda prisa y corri\u00f3 hacia ellos. Pero al encontrarlos tan tranquilos, dormitando en el prado, comprendi\u00f3 que los chillidos ven\u00edan del manantial. Lleno de curiosidad, tom\u00f3 ese camino.<\/p>\n<p>Al acercarse vio en medio del manantial a unos seres parecidos a personas, pero peque\u00f1itos y de orejas y ojos enormes, que retozaban muy contentos en el agua.<\/p>\n<p>Se ocult\u00f3 detr\u00e1s de un \u00e1rbol y se persign\u00f3.<\/p>\n<p>De pronto apareci\u00f3 uno de ellos detr\u00e1s de \u00e9l. Asustado, cay\u00f3 sentado sobre la hierba. Pero el ser diminuto le extendi\u00f3 la mano y le ayud\u00f3 a incorporarse.<\/p>\n<p>\u2014Tranquilo, no te har\u00e9 da\u00f1o \u2014le dijo con su vocecita de ni\u00f1o.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s que Felipe se calm\u00f3, el ser diminuto lo llev\u00f3 de la mano con sus parientes, quienes quedaron asombrados de tener a un hombre que, pese a haberlos visto, segu\u00eda con vida.<\/p>\n<p>Los extra\u00f1os seres llevaron a Felipe por un cerro, de donde brotaba el agua que alimentaba a los manantiales. Era un lugar hermoso, cubierto de \u00e1rboles frutales y animalitos diversos, como vizcachas y zorros, que no se asustaban con las personas y viv\u00edan sin atacarse entre s\u00ed.<\/p>\n<p>Uno de los peque\u00f1os explic\u00f3 a Felipe que ellos hab\u00edan sido enviados por Dios para resguardar los siete manantiales. Por eso cada d\u00eda trabajaban arduamente para que el agua saliera limpia y cristalina. Por las ma\u00f1anas cuidaban que nadie se acercara al preciado origen del agua; mientras que por las noches se asentaban a orillas del \u00faltimo manantial y, antes del alba y terminada la jornada, iban a ba\u00f1arse.<\/p>\n<p>El m\u00e1s viejo de los peque\u00f1os, que parec\u00eda ser el jefe, se acerc\u00f3 a Felipe y le propuso un pacto.<\/p>\n<p>\u2014Nos ayudar\u00e1s con la misi\u00f3n de cuidar el origen del manantial \u2014dijo el anciano.<\/p>\n<p>Felipe acept\u00f3 el pacto y le entregaron a cambio una pulsera de piel de cordero.<\/p>\n<p>Pero entonces Felipe apareci\u00f3 recostado en la orilla del manantial con muchos corderos a su alrededor. Hubiese cre\u00eddo que todo fue un sue\u00f1o, a no ser por una marca en la mu\u00f1eca con forma de pulsera. Desde entonces dedic\u00f3 su vida a ense\u00f1ar a la gente a cuidar el manantial.<\/p>\n<p><strong>Fuente:<\/strong> Felipe Lopez<\/p>\n<p><strong>Relato recogido por:<\/strong> Marielena Huanay Yauli<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una madrugada despejada, un joven de nombre Felipe a\u00fan so\u00f1aba cuando se levant\u00f3 s\u00fabitamente al escuchar los gritos de sus corderos. Se visti\u00f3 a toda prisa y corri\u00f3 hacia ellos. Pero al encontrarlos tan tranquilos, dormitando en el prado, comprendi\u00f3 que los chillidos ven\u00edan del manantial. Lleno de curiosidad, tom\u00f3 ese camino. 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